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ROBERTO BENIGNI EN LA MEJOR NOCHE DE SU VIDA

 

Por Gabriel de Lerma
(de nuestros archivos)

Dijo alguna vez que su sueño era poder hacer una película como "The Seven Sign", para poder actuar una escena como aquella en que Max Von Sydow juega al ajedrez contra la muerte. Quizás por eso no se amedrentó cuando sus conocidos le dijeron que estaba loco el día que anunció que su próxima película sería "La vita e bella", una curiosa y hasta a veces divertida incursión por el capítulo más negro de la historia de este siglo, los campos de concentración alemanes durante la Segunda Guerra Mundial. En el film, el judio asimilado que interpreta Benigni arriesga su propia vida para explicarle a su hijo, a su modo, cómo es que ambos han ido a parar a un campo de concentración, salpicando esos días terribles de mentiras piadosas para que el niño piense que todo se trata de un juego.
Sin dudas la apuesta salió bien. "La vita e bella" se convirtió en el film italiano más taquillero de la historia, ganó el último Festival de Cannes, se llevó el Oscar a la Mejor Película en Idioma Extranjero y coronó a Benigni con la estatuilla al Mejor Actor, un honor que ni siquiera su venerado compatriota Marcello Mastroianni pudo conseguir durante su larga vida.

- Cuando dijo que iba a hacer una comedia sobre un campo de concentración. ¿Nadie le dijo que estaba totalmente loco?

- Yo fui el primero en decírmelo. Pero debo aclarar que esta no es una comedia sobre un campo de concentración, porque eso no existe, es imposible. "La vita e bella" es una película hecha por un comediante pero ambientada en un campo de concentración, lo que es una gran diferencia. No sólo es imposible ideologicamente una comedia en un campo de concentración, es imposible practicamente, porque yo me rehuso a escribir un gag sobre un campo de concentración. Aunque lo intentes se va a transformar en una tragedia. El pintor Kandiski dijo que si escuchaba una broma sobre un campo de concentración se iba de esa ciudad. Y yo haría lo mismo. La primera mitad de la película puede ser una comedia, pero es una historia de amor. La segunda parte es una tragedia. Porque cuando yo le digo a mi hijo que estamos en el mejor lugar del mundo tratando de tranquilizarlo, la audiencia se puede reir, pero la situación es intolerable desde todo punto de vista. Uno no se puede reir de esa situación, de la misma manera en que uno no se puede reir de Hitle, porque ahora sabemos que fue lo que hizo. El mismo Chaplin dijo que si él hubiera sabido lo que había pasado en Alemania no hubiera hecho "El gran dictador" de la misma manera. Porque ese film era muy farsesco, con tortazos en la cara. Chaplin no sabía nada sobre los campos de concentración cuando hizo esa película. Si lo hubiera sabido, nunca hubiera podido hacer una broma sobre Hitler. De todos modos, cuando yo pensé en esta idea me aterroricé, porque el balance entre comedia y drama es muy peligroso en este film. Muchos de mis mejores amigos me dijeron que yo estaba loco, me recordaron que en Italia yo soy tan popular porque soy como un personaje de historieta y me predijeron que si seguía adelante iba a terminar por perder mi audiencia. Los mismos dueños de los cines en Italia me rogaron que no la hiciera y me pidieron de rodillas que por favor filmara otra comedia. Pero yo estaba perdidamente enamorado de esta idea, no la podía abandonar. Lo curioso es que este film fue mi más grande éxito en Italia. Por eso yo creo que un artista tiene que trabajar frente a su audiencia, no a sus espaldas. No me vino mal, porque de alguna manera yo me había vuelto demasiado predecible...

- ¿Cuanta resistencia hubo por parte de los italianos a recordar una parte tan dolorosa de su historia?

- Bastante. No tenemos que olvidarnos que Italia es el país en donde nació el fascismo. No se si puedo llamarlo un tabú o un problema, pero recién después del juicio a Eichmann se empezó a hablar en Italia un poco más sobre lo que ocurrió en nuestro país durante la Segunda Guerra Mundial. Hay que recordar que en la década del cincuenta el mismo Primo Levi tuvo problemas para publicar "Si esto es un hombre". Yo leí mucho sobre el Holocausto. Y puedo decir que después de haber leído sobre lo ocurrido ya no era el mismo hombre que el día anterior. Algo cambió dentro mío. Yo no soy judío pero soy un hombre, y el Holocausto ya no pertenece solamente a los judíos, le pertenece a la humanidad. Por otra parte, mi padre estuvo en un campo de trabajo. No era judío pero fue a parar a un campo de trabajo en el norte de Alemania, cerca de un aeropuerto. El era un campesino y nunca pudo averiguar por qué fue a parar allí. No sabía nada sobre el fascismo ni sobre Mussolini. Era como mi hijo en la película, pero lo pusieron a construir armas. Cuando regresó pesaba treinta y cinco kilos. Era un esqueleto. Las condiciones eran las mismas que las de un campo de concentración, pero la diferencia era que en ese campo no había cámaras de gas. Durante muchos años vivió obsesionado con esa experiencia, contando siempre la misma historia, porque no podía entender lo que había ocurrido. El tenía pesadillas sobre trenes que hacían que se despertara en el medio de la noche. Cuando yo y mis tres hermanas mayores eramos chicos, él hizo un esfuerzo por contarnos esa misma historia pero poniéndole un toque cómico para no asustarnos. Nos contaba que miraba a los otros prisioneros que estaban muy pero muy flacos, y les decía que tenían un aspecto espantoso. Pero que luego se quedaba pensando que tal vez él también tenía muy mal aspecto. Era algo muy trágico y muy divertido al mismo tiempo.

Lo fascinante es que cuando aprendió a contar esa historia con una sonrisa, se le terminaron las pesadillas. Yo usé mucho de mi propio pasado al hacer esta película, porque Guido, el protagonista del film, es muy parecido a como era mi padre.

- La primera mitad de la película es lo que uno puede esperar de una película de Roberto Benigni. La otra mitad es totalmente diferente. ¿Fue algo que hizo adrede para llevar a su audiencia hacia un sitio inesperado?

- No, porque esta película no se divide en dos partes. Es la historia la que se divide en dos partes. Pero eso es así porque esa fue la realidad. Los judíos italianos llevaban una vida normal hasta que todo cambió de repente. Yo podría haber ambientado la película integramente en el campo de concentración, pero hubiera sido un error. Yo necesitaba la historia de amor y también la idea de que mi personaje llevaba una vida normal para poder entender la locura que vino después. La audiencia sufre más en la segunda parte de la película porque recuerda que este personaje tuvo una vida normal. Es una cuestión de técnica narrativa. Yo soy un narrador por sobre todas las cosas, no soy un ensayista sobre el Holocausto ni un historiador. Mi deber era preparar a la audiencia de la mejor manera posible. De todos modos, tengo que reconocer que la primera mitad de la película fue mucho más difícil de lograr, porque la comedia es siempre mucho más difícil de lograr que el drama.

- ¿Quién ayuda a quién en "La vita e bella"? ¿El padre al niño o el niño al padre?

- Es una buena pregunta. Porque nunca sabemos si el niño sabe lo que está pasando o si simplemente escucha todo lo que dice su padre, porque para él es como si fuera Dios. Pero yo puse en la primera parte de la película una escena en la que el niño está en la librería cuando llega la abuela, pero no se presenta como tal. Y cuando ella se va, el niño le dice: "muchas gracias, abuela". Con lo que cual queda claro que él sabe más de lo que parece.

- Italia fue uno de los países que tuvieron una cinematografía más rica hasta la década del ochenta. La gran generación de actores integrada por Manfredi, Sordi, Gassman y Mastroiani de pronto dejaron un hueco generacional. Luego llegó tu generación, con Massimo Troisi, Maurizio Nichetti... ¿Qué cree que fue lo que pasó?

- Yo estaba en ese hueco. Y me preguntaba: ¿quién puso este hueco aquí? Nadie sabe por qué está este hueco en el medio de la avenida cinematográfica... Hablando en serio, yo comparto tu punto de vista. El período de los grandes directores, Antonioni, Visconti, DeSica, fue el renacimiento del cine italiano. Ese momento de renacimiento fue el que puso otra vez a Italia en el mapa del cine mundial. Algo ocurrió de pronto y ¡bum! desaparecimos. Pero si pudiera responderte que fue lo que pasó probablemente podría enseñar Teología en el Vaticano. No lo se, no entiendo por qué el cine se ha arruinado de esta manera en Italia.

- Otros italianos acusan al cine norteamericano...

- No, no es la culpa de los norteamericanos. Yo le agradezco a Estados Unidos. Ellos acusan al cine norteamericano y también a la televisión. Yo creo que es un problema de lo que está de moda y lo que pasa de moda, y para serte sincero, no se muy bien a quién acusar. Simplemente veo delante de mis ojos que no hay más películas italianas. Tal vez la culpa la tenga la televisión, o Hollywood, o los políticos que no apoyan el cine nacional. Pero creo que hay algo más. Hay algo que no es político, que no termino de entender. Miguel Angel y Leonardo Da Vinci de pronto se murieron. Yo muchas veces me pregunto que fue lo que ha pasado, y no encuentro la respuesta. Pero se que la culpa no la tiene Hollywood, porque los norteamericanos hacen películas muy diferentes a las europeas, y especialmente a las italianas. Y en realidad nos ayudan, porque ellos tienen mucho éxito, pero nosotros no los imitamos. No intentamos hacer lo mismo que ellos, porque el cine norteamericano se basa en los efectos especiales. Nosotros no podemos, tenemos que usar la cabeza...

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