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CHARLTON HESTON

 

Por Gabriel de Lerma
(Publicado en el libro "Entrevista con el cine", 1996)

Hace poco que ha pasado los setenta y sin embargo, a pesar de las canas, no ha perdido nada de su impresionante porte, el mismo que a finales de la década del cincuenta tenía locas a las mujeres y envidiosos a los hombres. Alto, muscular y diplomaticamente agradable, Heston inició la conversación en un hotel de la ciudad de los rascacielos practicando su español, prolijamente pronunciado, con eses y zetas incluídas. "Durante la filmación de "El Cid" viví más de siete meses en España, y luego filmé otras cuatro películas allí. Vuelvo bastante seguido, pero claro, igual he perdido mucha práctica".

Aunque Heston no ha dejado de filmar, su participación en Hollywood ultimamente es más política que práctica. Afiliado al partido Republicano, ha sido un fiel admirador de Reagan y de Bush y no ha perdido una sola oportunidad para fotografiarse con ellos. Los habitantes de Los Angeles, ciudad en la que vive, suelen escucharlo en la radio, ofreciendo su opinión sobre el acontecer diario.

Al igual que los otros grandes que siguen empeñados en no retirarse, Heston aparece de tanto en tanto y en un rol muy secundario en un largometraje, invitado por algún niño que veía sus películas en las matinés de los sábados y que, logicamente, ha crecido y se ha convertido en director. En "Tombstone", un western problemático en el que el realizador fue despedido poco después de comenzar la filmación, Heston aparece cinco minutos, pérdido entre una lista interminable de actores jóvenes que luchan por llegar al estrellato.

Pero Heston no quiere hablar sobre este tema. "Yo actúo todo el tiempo, por ejemplo el mes que viene voy a hacer una película en Canadá", dice con su voz profunda y gruesa. Cuando el periodista quiere saber más, Heston concede: "en realidad se trata de un cameo. Pero no hemos venido hasta aquí para hablar de otras películas". Es que Heston ha llegado a Nueva York para promocionar "El Cid", la versión restaurada del film que protagonizó hace más de tres décadas, junto a la implacablemente bella Sofía Loren. La cinta, un famoso fracaso financiero, dormía el sueño de los justos en un depósito hasta que fue rescatada por la fundación que, dirigida por Martin Scorsese, procura salvar viejas películas de la destrucción y del olvido.

Heston se pone nostálgico al hablar del cine épico, una tradición de Hollywood que ha quedado vinculada para siempre con su propio nombre: "no se pueden volver a hacer esas películas porque serían tremendamente caras. En aquel momento "El Cid" costó doce millones de dólares. Pero todos los castillos ya estaban ahí, por lo que no hubo que gastar en decorados adicionales. En el caso de "Ben Hur", los casi quince millones de dólares que costó la convirtió en la película más cara de toda la historia del cine hasta ese entonces. Hace poco se hizo un estudio de cuanto costaría hacer "Ben Hur" el día de hoy. Se tomaron las cuentas del año 1958 y se metieron los datos en una computadora, usando un programa que sirve precisamente para estimar costos. Según ese programa, "Ben Hur" costaría hoy ciento veintinueve millones de dólares. No habría manera de poder filmarla otra vez. El problema que Hollywood tiene hoy día es que las películas cuestan demasiado. Y eso implica que tampoco puedan volver a filmarse "Bridge on the River Kwai" o "Lawrence of Arabia". Pero siempre podrían volver a hacer "Touch of Evil" y otros filmes pequeños".

De pronto, Heston se pone a recordar sus mejores épocas. Por sus ojos pasan "The Ten Commandments", "Ben Hur", con la que se llevó el Oscar al Mejor Actor, "The Greatest Show on Earth", "Soylent Green"... "Mis mejores trabajos fueron "Khartoum" y "Will Penny", aunque no puedo desmerecer a las demás. Es que todas las películas son agotadoras. Y deben serlo. Uno trabaja diez o doce horas filmando, y entonces tiene que prepararse para el día siguiente, hablar con el director sobre las nuevas escenas, porque uno no puede plantearle sus dudas mientras se está filmando, es demasiado caro. Hay que viajar habitualmente grandes distancias y muchas veces hay que ponerse un maquillaje muy complejo, que lleva su tiempo.

A eso hay que sumarle el efecto del clima, ya que puede hacer mucho calor, o haber mucho viento. Así y todo, hay que hacer todo lo posible para que las cosas salgan perfectas. Claro que todo el arte es imperfecto. "La Muerte" de Miguel Angel no es una estatua perfecta, pero es sin lugar a dudas mucho mejor que las demás...".

Cuando el periodista le pregunta qué es lo que le provoca volverse a ver en una película que ha filmado hace treinta y un años, Heston hace como que no entiende y se pone a hablar de otra cosa: "los actores sabemos exactamente cómo lucimos. La mayoria de las personas miran sus fotografías y no se reconocen. Pero eso no pasa con nosotros. Las herramientas de un actor son su rostro y su cuerpo y uno se vuelve muy familiar con ellos. Y va reconociendo los cambios que se producen a medida que uno envejece. Yo me acuerdo muy bien de todos mis films, y miro mis viejas películas todo el tiempo  Pero, a mí no me gusta verlas en televisión porque suelen estar mutiladas y además las interrumpen a cada rato con publicidad."

- ¿Pero qué es lo que piensa mientras las ve? ¿Se le ocurre que debería haber hecho una escena de una manera distinta de cómo la hizo? ¿Es autocrítico?

- Es que en su momento yo miré meticulosamente cada metro de película que filmé tratando de ver como se podía mejorar. Esa es la razón por la cual uno las mira.

- ¿Le preocupa que su actividad política actual termine por influir negativamente en la reputación como actor que ganó en el pasado?

- Lo que ocurre es que yo creo que estuve mucho más involucrado politicamente a principios de los años '60, cuando participé en el Movimiento por los Derechos Civiles. El momento cúlmine de mi activismo, así como el del Movimiento, fue la Marcha sobre Washington junto a Martin Luther King Jr. En realidad, he estado abriendo demasiado la boca virtualmente desde el inicio de mi carrera.

- Si pudiera elegir, ¿cómo le gustaría que lo recordaran? ¿cómo un actor? ¿cómo una persona preocupada por su tiempo?

- Soy un actor. Me veo a mi mismo como un actor, pero también como un padre, como un marido y como norteamericano.

- ¿Por qué cree que las opiniones políticas de los actores deben ser escuchadas y tomadas en cuenta por el resto de la sociedad?

- Yo no creo que tengan que tenernos en cuenta. Jamás he llamado a una radio o a un canal de televisión para pedir que me dejen dar mi opinión sobre esto o aquello. Son ellos los que me llaman. Pero como norteamericano me gusta dar mi opinión. Es cierto que tengo más acceso al público que muchos congresistas. Pero creo que tengo una responsabilidad frente a la gente, una creencia que no es compartida por la mayoría de mis colegas...

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